Wireless VII

Patricia llegó a su casa sobre las 7 de la tarde, después de una carrera apresurada desde la estación de autobuses, y con la extraña sensación de que todas las miradas se posaban en ella. Abrió la puerta de su casa y saltó de 2 en 2 sobre los escalones que subían hasta su habitación. Dejó el bolso en el suelo y saltando a la pata coja, se sacó los zapatos lo más deprisa que pudo para lanzarse sobre la cama y sacarse los pantalones que llevaba puestos. Acto seguido, se sacó las braguitas con urgencia y las sostuvo entre sus dedos, observándolas y buscando explicaciones a lo que le había ocurrido en el parque. Aquella se habían movido sobre su piel, literalmente, estaba segura de ello. Lo había sentido.

No había ni rastro en la tela de su humedad, y de forma inconsciente deslizó una mano a su pubis alargando sus dedos para sentir más abajo entre sus pliegues, que tampoco quedaba rastro alguno del flujito de su reciente y generosa excitación. Pero ella no lo había soñado.. Había sido real y tan real que había podido sentir como su vulva empapada y encendida se estremecía al contraerla contra sus muslos. Tan segura estaba de aquello que se las acercó al rostro y las olió tímidamente para descubrir que tampoco habían quedado impregnadas del aroma de su acaloramiento intenso.

Patricia lanzó la prenda con rabia a la otra punta de la habitación y se dejó caer sobre la cama sin ganas de pensar.. Sin ganas de pensar, ni de comprender.. Habían sido demasiadas cosas y emociones en poco tiempo… Y allí desnuda de piernas para abajo se recogió sobre si misma hasta que se quedó totalmente dormida.

Se despertó una hora y media más tarde, sobresaltada con el ruido de un camión que cruzaba por debajo de su calle y que hizo temblar hasta los cristales de la ventana. Se incorporó sobre la cama y al verse desnuda, los recuerdos olvidados durante el sueño regresaron famélicos a su cabeza. Decidida a deshacerse de ellos, Patricia se levantó de la cama y se desnudó por completo, dejando su ropa esparcida sobre la cama. Cogió de su armario una toalla limpia y se dirigió al cuarto de baño donde abriendo la mampara de la ducha accionó sus mandos para dejar correr el agua unos instantes mientras se atemperaba. Dejó la toalla sobre su percha y se metió debajo del agua dejándose lamer entera por la purificadora sensación del agua tibia. Cerró los ojos y se dedicó únicamente a centrarse en el bienestar que los miles de gotas de agua despertaban en su piel, en el calor agradable de esas pequeñas caricias y el abrazo del vapor en su cuerpo. Cuando se sintió totalmente imbuida por el cálido y reparador placer del agua, metió la cabeza debajo de la delicada lluvia dejando que esta empapase su rostro y su larga cabellera morena.

Se enjabonó el cuerpo despacio con las manos dejando que fluya la espuma por la piel de sus brazos, por sus pechos, por su vientre y sus muslos, y deleitándose con el delicado perfume de melocotones de la mezcla jabonosa. Patricia dejó espumar el champú en sus cabellos un par de veces antes de darse por satisfecha, y cerrando las llaves de paso del agua, salió de la ducha buscando con la mano la toalla que colgaba frente a ella. Se secó sin prisa alguna recorriendo las distintas partes de su cuerpo con la suave tela de algodón y después, se frotó enérgicamente el pelo para sacarle al máximo la humedad. Para terminar, se agachó lanzando su cabello hacia adelante con un golpe de su cuello y lo cubrió con la toalla envolviéndolo sobre su cabeza.

Así, y totalmente desnuda a excepción de su gorro improvisado, Patricia regresó a su habitación y comenzó a recoger la ropa que había ido dejando esparcida por su habitación. Cuando sus ojos se posaron sobre las braguitas que yacían en el suelo de la habitación junto a la pata de la silla, vio que habían recuperado su color gris. Dejó la ropa sobre la silla y se acercó despacio para recogerlas y tan pronto como tocaron su piel… de nuevo aquel cosquilleo tan familiar se apoderó de su mano y su antebrazo. Aquella prenda intima reaccionaba a su tacto y de ello ya no le cabía la menor duda. Las acercó a su vientre y la sensación fue devastadora… En apenas unos instantes, miles de impulsos placenteros atravesaron su cuerpo recorriéndola de la cabeza a los pies, como fuegos artificiales derrochando luz y colores con cada estallido y haciendo que casi perdiese el equilibrio. Se tambaleó ligeramente pero logró apoyarse sobre el respaldo de su sillón para no caer. Como presa de un extraño trance hipnótico, Patricia volvió a ponerse las braguitas lentamente mientras sentía su cuerpo arder de pura excitación. Jamás había sentido nada parecido, tan salvaje y tan fuerte. Todo su ser le pedía a gritos liberar aquello que por la tarde le había sido negado.

El zumbido de su móvil atrajo su atención y cuando lo sacó del bolso…

“Batería Baja. Apagado de terminal y dispositivos inminente. Ponga su terminal G-Wireless a cargar”

(Continuará…)

Wireless VI

Patricia estaba paseando después de una deliciosa comida. Eligió una avenida larga bordeada de moreras, que a esas horas de la tarde proyectaban deliciosas combinaciones de sombras e hilos de luz sobre el jardín que recorría la vía en toda su extensión como una enorme columna vertebral de flores, bancos y arbustos, y donde transeúntes de todas las edades disfrutaban de aquel maravilloso bienestar lleno de vida y colores primaverales.

Le gustaba recorrer tranquilamente aquel lugar sin tener que pensar en nada más que en el deleite que le llegaba a través de los sentidos. Aquella tarde se sentía especialmente bien después de comer en su lugar preferido. Le llegaban el aroma de las flores, el trino de los pájaros, la brisa, las risas de los niños que jugaban por el parque, y todo lo procesaba dejándose llenar por todas y cada una de aquellas sensaciones maravillosas y que tanto disfrutaba.

Se dejó llevar de tal modo que sintió en su cuerpo los efectos suaves de la primavera. Se sentó en un banco y cerró los ojos permitiéndose flotar entre las sensaciones que se deslizaban por su cuerpo. Sintió la fricción suave de su sujetador sobre los pechos, que pronto florecieron dulces ante la sutil caricia de la tela. Sintió el ardor en sus mejillas encender su rostro con el candor púrpura del deseo. Sintió el finísimo vello de sus brazos erizarse con el aliento cálido de la brisa cual un amante recorriendo su piel con la caricia de sus ardientes labios. Sintió con deleite la sangre de sus sienes latir para lanzarse con fuerza a la deriva por sus venas despertando cada rincón de su cuerpo, y sintió el rocío de la excitación entre los suaves pétalos de su intima feminidad. Humedeció sus labios discretamente, y dejó salir su deseo, su feminidad y el calor que encerraba disfrutando plenamente aquella maravillosa sensación.

Un pitido largo seguido de unas vibraciones cortas la sacaron de su mágico trance. Su móvil estaba sonando en el bolso. Abrió la cremallera y metió la mano para sacarlo de su oscuridad, desbloquear la pantalla y leer aquella más que inoportuna notificación.

“Dispositivo G-Wireless con lectura de deseo positiva. Activando modo reflejo suave”

No tuvo tiempo de leer nada mas. Una embriagadora y delicada sensación recorrió toda su cintura, bajando hasta las rodillas y subiendo hasta su vientre. Patricia se movió sorprendida sobre el banco cerrando sus muslos y contrayendo sus piernas de forma refleja pensando que su imaginación y la sensación de deseo que llenaban su cuerpo le gastaban una extraña broma. Era un cosquillo electrificante que sentía a nivel de su piel, pero tan suave, tan delicado que sin darse cuenta dejó escapar un gemido que se apresuró en callar mordiéndose el labio inferior. No había nadie en la zona donde se había sentado y por suerte nadie lo escuchó.

Aferró su móvil con la mano mientras dejó que aquella maravillosa invasión de los sentidos la llenase por completo. Era como si aquel recorrido placentero respondiera a su mente estimulado delicada y maravillosamente las zonas mas sensibles de su encendido cuerpo. Patricia sintió las aureolas de sus pequeños pezones contraerse y sublevarse buscando las caricias de la tela que cubría sus pechos. Se contrajo de nuevo discretamente encerrando esta vez en ello una caricia de la cara interna de sus muslos y la ardiente necesidad de aprisionar su sexo entre la suave presión de sus delicados labios y sus fuertes piernas. Una punzada de puro placer recorrió toda su intimidad y creció por su vientre hasta llenarle la boca de un suave jadeo que a duras penas pudo contener.

¿Pero que le estaba sucediendo allí? Se escuchó pensar a si misma… Un nuevo pitido y una nueva serie de vibraciones estallaron en la mano que sujetaba su terminal. Desbloqueó la pantalla mientras la punta la lengua le recorría los labios aportando algo de humedad a una boca que se había quedado seca por la excitación.

“Dispositivo G-Wireless con lectura de flujo confirmada. Pasando a modo juego suave”

– “Uffff” fue lo único que se le escapó de la boca cuando sintió como sus braguitas se movían suavemente sobre la piel de sus nalgas, de su sexo, aumentando además la sensación eléctrica que recorría toda su feminidad hasta un punto en el que el placer se convirtió en sublime, y el mundo de su alrededor empezó a desvanecerse lentamente arrollado por el deseo, el calor, y el hambre de experimentar las más exquisitas sensaciones. Patricia se reclinó sobre el respaldo el banco y cruzó las piernas en un intento vano por mantener la compostura pero le estaba resultando extremadamente difícil contener todo lo que sentía. Su respiración agitada, las contracciones de sus piernas, la delicada sensación de hinchazón de su vulva, de sus pechos, el rubor de sus mejillas, y los gemidos que de vez en cuando acudían a su garganta como las volutas caprichosas de alguna poción exótica y divina. Cada vez se controlaba menos y allí, aquello no podía suceder. Era demasiado fuerte y más de lo que su pudor estaba dispuesto a tolerar. Y finalmente, con un esfuerzo de voluntad sobrehumano que estuvo a punto de costarle una perdida de conciencia, Patricia se levantó y se puso a andar con paso furioso por la avenida en busca de la estación de autobuses para llegar a su casa.

(Continuará…)

Wireless V

Patricia estuvo leyendo un buen rato y después disfrutó de las bondades de su nuevo terminal, instalando, navegando y probando su cámara de fotos con todo tipo de objetos que se ponían a tiro de su pequeño objetivo. Estaba gratamente sorprendida por la calidad de sus resultados.

Distraída por una sensación muy familiar que provenía directamente de su estómago, Patricia miró su reloj para descubrir que era cerca de la 1 del mediodía y que todavía no había comido nada, tal y como su hambriento organismo le estaba amablemente recordando. Decidió que sería una buena ocasión para dar un paseo por la ciudad y comer en su lugar favorito, así que, abriendo la puerta de su armario ropero, Patricia empezó a buscar prendas de vestir hasta conseguir aquella armonía de colores textiles que siempre disfrutaba llevar. Cuando estaba poniéndose los pantalones que había seleccionado vio la ensaladera con la braguita sobre su escritorio. Se acercó escéptica para ver el resultado y comprobó que no quedaba absolutamente nada de la solución que hacía un rato cubría la tela. Acercó sus dedos para tocar aquella prenda de vestir que mantenía su color gris y, cuando su piel entró en contacto con la tela, sintió un agradable cosquilleo en sus cálidas yemas. Tanto fue así que Patricia no pudo resistir tomar aquellas braguitas en sus manos sintiendo con placer aquella sensación recorrer sus manos enteras y prolongarse hasta sus antebrazos erizando su piel allí donde llegase.

El tacto de la tela había cambiado radicalmente de áspero a maravillosamente suave, ligero, y … ese delicioso cosquilleo. Patricia se sorprendió a si misma pensando en lo que ocurriría si se las ponía, y se sonrojó mientras sentía sus mejillas cambiar a un color deliciosa y discretamente púrpura. Se quitó los pantalones que llevaba dejándolos doblados sobre el respaldo de la silla y después, deslizó las braguitas que llevaba hacia abajo, agachándose y sacando uno a uno sus pies para dejarlas sobre su mesilla de noche. Cuando pasó frente al espejo de su habitación, este le devolvió la imagen de una mujer hermosa vestida únicamente con un sujetador. Patricia se miró unos instantes, volteando sobre si misma y mirando sus esbeltas piernas, así como las delicadas curvas de la parte baja de su espalda, que día a día y a base de tablas de ejercicios trataba de mantener en armonía con el resto de su cuerpo. Deslizó la mano por su vientre sintiendo su propio calor en la palma de la mano y después por el suave y cuidado vello que más abajo decoraba su delicado monte de Venus.

Después, tomo las braguitas G-Wireless y despacio se las puso para sentir mientras su manos subían arrastrando hacia arriba aquella delicada prenda, como la caricia de la tela sobre su piel la llenaba de aquella maravillosa sensación. Cuando se las terminó de colocar, Patricia estaba temblando por lo que estaba sintiendo. Aquella prenda parecía estar ajustándose sola a su talla, ciñéndola maravillosamente, abrazando toda la piel que protegía a la vez y… Aquel suave cosquilleo que la recorría por las las nalgas.. por su intimidad.. hasta la mitad de sus muslos y subía hasta la mitad de su vientre…

Pero… Tras un par de pitidos de su móvil nuevo, la sensación se detuvo de repente por completo y Patricia, con la respiración agitada y todavía con la sorpresa en la boca, se quedó de pie, con las manos sobre la tela de sus braguitas nuevas, como si hubiese estado bañada en un mar cálido cuyas aguas se hubiesen retirado de repente dejándola desnuda y privada de la dulce sensación de calor de su maravilloso abrazo.

Cuando se giró hacia el espejo se vio a si misma, con las mejillas delicadamente enrojecidas y al igual que antes, semi desnuda, pero esta vez con el sujetador y… No podía ser… Las braguitas habían adoptado por completo el tono de su piel y de tal modo fue, que de no haber comprobado por si misma que cubrían perfectamente su feminidad de la mirada de curiosos, y de poder sentir la presencia la prenda con los dedos, Patricia hubiera jurado que no llevaba puesto absolutamente nada.

Tomó su móvil para ver los mensajes y cuando lo desbloqueó pudo leer en la pantalla:

“Complemento G-Wireless detectado, calibración de la dermis realizada satisfactoriamente. Dispositivo listo y preparado para su utilización”

(Continuará…)

Wireless IV

Todavía aturdida por lo que acaba de sucederle, Patricia esta sentada a la mesa de la cocina delante de un vaso de agua mientras a través de la ventana escrutaba las nubes, que como un rebaño de pequeñas ovejas traviesas, se dispersaban por la inmensa pradera azul del cielo, buscando cobijarse de los rayos del sol. Después de tomar un largo trago de su vaso, Patricia decidió abrir las cajas que tenía delante de ella.

Tomó la primera y más alargada entre sus manos y empujando un lateral hizo deslizar un cajoncito hacia un lado para revelar su contenido. Dejó la tapa de la caja sobre la mesa y quitó el protector de cartón serigrafiado negro que cubría los objetos de su interior. Un móvil de pantalla grande de 5 pulgadas coronaba los objetos allí encerrados y lo sacó tomándolo por los dedos. Era muy ligero y de aspecto fino y elegante, de carcasa blanca rematada un bisel aluminio mate, una cámara trasera con flash, y el delicado “G-Wireless” grabado en el dorso debajo de este último. Al tener el teléfono en sus manos, empezó a sentir la tranquilidad que la familiaridad y reconocimiento de los objetos de su interior le proporcionaba.

Allí no había nada raro, únicamente un teléfono bastante atractivo, y un cable con su cargador correspondiente. Patricia lo abrió con un suave click de la tapa para descubrir en su interior la batería, de la que retiró el precinto, así como las ranuras para la tarjeta SIM y una MicroSD que por cierto estaba ya instalada, y que tras una presión y un pequeño chasquido al extraerla, averiguó que era de 32 GB.

“Genial !!” – Pensó Patricia recolocándola en su lugar . “La de fotos y música que voy a poder meter ahí…”

Recolocó a tapa y pulsó el botón de encender del terminal que tras un breve zumbido y un par de vibraciones sordas iluminó la pantalla con un “G-Wireless” en 3D, con la “G” dando vueltas sobre si misma. Patricia sonrió mirando la animación, y después de unos instantes, se inició el asistente de configuración, al que rápidamente respondió dejando el teléfono listo para utilizarse en un par de minutos. Estaba familiarizada con el sistema operativo pues era el mismo que ella tenía en su moribundo terminal, y se encontraba como pez en el agua entrando en los ajustes, aplicaciones, disfrutando del enorme rendimiento del terminal. Pronto dejó de darle importancia a la situación, y tras una prueba satisfactoria de los resultados, los inconvenientes dejaron de ser tan relevantes, y las circunstancias se diluyeron en un apetecible y cálido mar, mucho más complaciente y mucho menos embravecido.

Después de pasearse por su twitter, su blog favorito, sacar algunas fotos, comprobar la pantalla, su resolución y cada detalle que ella considerara relevante en un móvil que se precio, quedó totalmente satisfecha y maravillada por las prestaciones de su nuevo y flamante terminal… ¡¡ Nada menos que G-Wireless !! ¡¡ Y que pantallón !! ¡¡ Que de colores !!

Dejó su nuevo teléfono a un lado y acerco la otra cajita de aspecto cuadrado y plano. Le dio un par de vueltas hasta colocar frente a ella el logotipo de G-Wirelless y entonces levantó despacio la tapa. allí, entre sus manos, envueltas en un papel de seda azul celeste, patricia sacó unas diminutas braguitas de color gris. Una etiqueta negra con el logotipo de G-Wireless atado a una cinta fina y dorada colgaba de la gomita de la prenda. Patricia lo cogió y leyó la inscripción en el dorso de la misma

“Dispositivo auxiliar de contacto. Importante: Antes de su primera utilización, colocar en remojo durante 1 hora en 500 ml agua con 10 gramos de sal y 10 ml de agua oxigenada”

Patricia cortó la cinta con unas pequeñas tijeras que sacó del cajón de los cubiertos, y la guardó junto con la etiqueta dentro de la cajita. Entre sus dedos palpó y sintió la tela de las braguitas y las sintió ásperas y desagradables y estuvo tentada de volverlas a dejar en la caja para deshacerse de este último elemento. Sin embargo, pensó que no perdía nada por seguir aquellas instrucciones. Se levantó de la silla y pasó por el cuarto de baño para tomar la botella de agua oxigenada y volvió a la cocina, donde en una ensaladera vertió medio litro de agua, 10 ml de agua oxigenada que midió con una jeringuilla de jarabe para la tos, y media cucharadita de sal o lo que ella pensó que serían 10 gramos de sal. Después, tomó las braguitas y las sumergió dentro de la solución asegurándose de que el tejido quedara empapado de forma uniforme, y mirando su reloj, salió de la cocina tomando su teléfono nuevo y la ensaladera para no dejar por allí su pequeño experimento.

(Continuara…)

Wireless III

Eran las 9 de la mañana cuando Patricia abrió los ojos por primera vez en su cama. Envuelta en la calidez de sus mantas lentamente fue saliendo del sueño mientras los rayos de sol más audaces, a través las brechas más despistadas de las persianas, se colaban en el interior de su habitación dibujando para ella, en la penumbra de la mañana, cada una de las formas de su composición y que, gradualmente Patricia fue reconociendo y ubicando en el espacio de la pequeña e intima fortaleza  de su cuarto de dormir.

Se levantó despacio buscando a tientas con los pies sus zapatillas y se dirigió hacia la ventana para abrirla ligeramente y dejar pasar un vendaval de luz que baño su rostro refrescándola con el aire puro de la mañana. El día anterior le pareció lejano y soñado. Había descansado maravillosamente bien pues recordaba haber cenado rápidamente, y presa del sopor que sucede a una buena cena, aunque pequeña, se acostó perdiendo a partir de entonces totalmente la noción del tiempo para dejarse llevar por la mano de Morfeo. Se puso la bata que tenía sobre la silla para ir al cuarto de baño y mientras bajaba las escaleras sonó la puerta de la calle.

A su mente regresó en tropel el recuerdo su tablet, los extraños mensajes, el pedido de un teléfono y un mensaje de servicio de paquetería. Aquello que apenas unos momentos atrás le parecía soñado e inverosímil, se agolpaba ahora en su cabeza provocando en ella el temor por lo extraño, el mismo temor del que fue presa en el autobús al pulsar el botón de continuar.

“¿Pero que estoy haciendo?” – Se obligó a pensar.

“¿De que tengo miedo?”

Patricia se serenó pensando que al fin y al cabo sus temores eran infundados y que ella no había pagado nada a nadie. Sin dudarlo rechazaría a cualquier vendedor o charlatán que pretendiese colarle un producto milagroso a cambio de un dinero que ella desde luego no iba a pagar. Haciendo frente a sus temores, pues todavía podía sentir su corazón dando botes, bajó las escaleras hasta la puerta de su casa para abrir, no sin antes asomarse a la mirilla para ver lo que la esperaba del otro lado de la puerta. Oteó lo mejor que pudo todos los ángulos que el estrecho pero efectivo visor le permitía ver de la calle pero no vio absolutamente a nadie.

“Alguien se habrá confundido” – Pensó

Y soltando una risotada nerviosa, se burló de si misma y de la estúpida situación en la que ella ya se había visto inmersa con un misterioso mensajero y su paquete mágico.

Después de salir del baño y recién duchada, subió a su habitación para terminar de vestirse. Dejó resbalar la bata por su piel hasta el suelo descubriendo por completo su hermosa desnudez. Sacó de la cómoda unas braguitas y un sujetador limpios que no tardó nada en ponerse, y mientras se abrochaba el vaquero, su móvil sonó con un nuevo sms. Tomó el móvil de la mesilla de noche para ver de quien era el mensaje y de nuevo, a pesar de haber dado el asunto por zanjado, su corazón dio un vuelco al leer…

“Paquete correspondiente a pedido FJUXk23T46 entregado en destino a las 9:16 AM. Gracias por confiar en G-Wireless”

Patricia se puso rápidamente un fino jersey antes de asomarse a la ventana y contemplar como al pie de su puerta habían depositado, y seguramente coincidiendo con la llamada al timbre anterior, un diminuto paquete que ahora, como un niño huérfano esperando en la puerta de una iglesia, esperaba ser recogido. Cerró de nuevo la ventana y bajó despacio los escalones que le separaban de la puerta de entrada. Alargando una mano dubitativa hacia la cerradura, descorrió el pestillo que cerraba la entrada de su casa. Miró unos instantes la puerta pensando si debía abrir y recoger ese paquete o dejar que alguien se lo lleve o que el mismo viento se lo lleve, y después de meditarlo, acabó concluyendo que sólo era una caja y que no pasaría nada por recogerla y ver de que se trataba.

Abrió la puerta lentamente y cuando tuvo el paquete a la vista alargó una mano y lo tocó desconfiada, con el corazón a punto de saltarle por la boca, pero al notar el tacto familiar del cartón, lo cogió y cerró la entrada no sin antes mirar a ambos lados de la calle y comprobar que no había ninguna persona esperando y susceptible de ser el recadero misterioso. Mientras se dirigía a la cocina, leyó la inscripción que constaba sobre la caja: “G-Wireless.”

Se sentó a la mesa y tomando un cuchillo cortó el precinto para poder abrir la caja. Por lo visto sólo era un embalaje exterior para proteger su contenido pues dentro del paquete y en vuelto en plástico de burbujas, había un par de cajas más pequeñas así como un sobre cerrado del mismo color que las cajas. Una de ellas era más alargadas y alta, y la otra más plana pero cuadrada, ambas con la serigrafía de G-Wireless en azúl clarito sobre un fondo negro. Tomó el sobre y lo abrió para leer su contenido:

“Estimada Srta. Patricia,

Gracias por confiar en nuestra linea de productos G-Wireless. Este conjunto de productos está totalmente probado y testeado por expertos en la más avanzada tecnología. Este lote se compone de un teléfono de última generación, con unas especificaciones que descubrirá ser más que suficientes para su día a dia, tal y como nos ha solicitado, y de una prenda íntima elaborada con un textil de última generación que estamos seguro se ajustará perfectamente a su talla.

Este primer lote de productos está totalmente libre de cargos y es un regalo de G-Wireless como muestra de nuestra seguridad en su plena satisfacción y en la confianza de que volverá a adquirir en breve nuestros productos.

Atentamente, y esperando que disfrute plenamente de su nueva adquisición, reciba un caluroso abrazo.

El equipo de Marketing de G-Wireless”

Wireless II

Eran las 8 de la tarde cuando el sol ya se estaba ocultando por el horizonte visible mientras sus últimos rayos bañaban el paisaje de maravillosos tonos melancólicos que desfilaban en un orden caótico por las ventanillas del autobús. Al encontrarse en continuo movimiento, obraba el milagro y aquel caos de luces se convertía en secuencias alegres que trotaban felices por la gran cristalera que llenaba los admirados ojos de Patricia de un agradable concierto de reflejos multicolores y una placentera sensación de paz y tranquilidad.

Feliz y satisfecha, Patricia sintió una extraña sensación que la saco de su pequeña y apacible meditación lumínica. Una sensación que provenía de algo que se encontraba sobre su vientre. Cuando desvió la mirada para centrar su atención en la sensación se dio cuenta de que provenía de su bolso. Era una vibración profunda con un lamento reconoció al instante. Su tablet se estaba lamentando de nuevo con el extraño sonido que escuchó en la cafetería.

Dudó unos instantes y abriendo el bolso, tomó en sus manos el dispositivo, volteándolo para poder ver la pantalla. Esta permanecía apagada igual que la había dejado, pero una extraña sensación de inquietud se apoderó de ella. No tenía a nadie sentado en el asiento junto al suyo, ni tampoco detrás pero miró de todos modos y de forma refleja a su alrededor para ver cuantas personas del autobús habían percibido el inquietante zumbido. Nadie parecía haber escuchado nada, y los pocos pasajeros que se encontraban en los asientos contiguos parecían totalmente concentrados en sus quehaceres particulares.

Patricia presionó el botón de encendido y observó la pantalla…

“Vemos que todavía no ha respondido a nuestra solicitud. Ante todo, queremos asegurarle de que  esta es una compra totalmente segura y que cualquier dato que nos proporcione quedará totalmente guardado bajo una estricta confidencialidad. La compra de nuestros dispositivos es una exclusiva a la que únicamente algunas personas tienen acceso y por ello la oferta tiene un tiempo limitado.

Por favor, Srta. Patricia, esta decisión solamente le tomará unos pocos minutos pero cambiará por completo su relación con la tecnología.

Desde G-Wireless, queremos animarla a que se atreva a dar un paso adelante, garantizándole la plena satisfacción con nuestros servicios y productos.”

Patricia sintió un extraño calor en el rostro fruto del nerviosismo y de la estupefacción. ¿Como era posible que en plena carretera, en medio del campo, con su móvil fuera de cobertura, su tablet todavía indicara que tenía señal Wifi? ¿Y como podían saber su nombre?

Respiró profundamente tratando de calmarse, y volvió a mirar a su alrededor discretamente por si podía haber alguna persona de la que ella pudiera sospechar, por su actitud o mirada, de este extraño fenómeno y pedir explicaciones. Intentó suspender de nuevo su tablet, pero el botón de apagado no respondía y lo único que parecía que podía hacer era darle al botón de continuar junto a la selección de idioma. Podía sentir el corazón latir con fuerza dentro su pecho y su respiración volverse más trabajosa. Alargó la mano hacia la pantalla y con dedo tembloroso pulsó el botón “continuar”. Percibió un extraño cosquilleo en la punta del dedo mientras este permanecía en contacto con la pantalla.

La tablet vibró de nuevo y esta vez la pantalla cambió a un azul tenue y agradable. Un nuevo mensaje iluminó la pantalla.

“Lectura realizada. Muchas gracias por su adquisición. En breve recibirá directamente en su casa y según nos ha sido solicitado “un teléfono buenísimo y económico”. Esperamos que disfrute plenamente de nuestros productos.

Reciba un cordial saludo

G-Wireless”

La tablet vibró largamente y después de unos cortos zumbidos regresó la página de búsqueda Google donde aparecía aquel único resultado. Todavía confundida por lo que acababa de suceder, patricia pulsó sobre el icono de Home de su navegador para descubrir que ya no disponía de conexión. Intentó en vano volver a conectar y desconectar la Wifi, pero no ocurrió absolutamente nada, pues ya no había señal de ningún tipo.

Apagó la tablet para asegurarse de que esta vez, no volvía a suceder nada extraño, y metiéndola de nuevo en su bolso lo cerró dejándolo esta vez prudentemente a su lado y no sobre su vientre. ¿Que acababa de sucederle? En cualquier caso se tranquilizó al recordar que no había dado ningún dato, ninguna información de pago, y menos todavía dirección de entrega alguna. Pensó que se trataría de algún malware del que daría buena cuenta al llegar a casa y restablecer su tablet al origen de fábrica.

Llegó a su destino casi a las 9 de la noche. Decidió regresar paseando a su casa y le resultó de lo más reconfortante después de un día de estrés dominado por las tiendas y las peleas con las operadoras móviles. Había una luna preciosa que ya se podía observar dominando el cielo nocturno, y llenando de su agradable luz blanquecina la oscuridad de la noche. Algunas estrellas ya habían empezado también a brillar, quizás empujadas a ello por los celos de que una brillante luna les robe la belleza y protagonismo del firmamento.

Cuando llegó a su casa, sacó las llaves para abrir la puerta de entrada de casa. Las hizo girar en la cerradura y cuando abrió la puerta, su móvil emitió un tono familiar que identificó como un nuevo sms. Mientras cerraba la puerta tras de sí, cogió su móvil para mirar el mensaje pero lo que vio la hizo soltar un pequeño grito de estupor y soltar el bolso que se cayó al suelo derramando parte de su contenido sobre las losas.

“Su pedido referencia FJUXk23T46 de G-Wireless ha sido expedido. La entrega esta prevista para el día siguiente al pedido, antes de las 10.00 AM.”

(Continuara…)

Wireless I

Sentada en la mesa de una cafetería de Salamanca, mientras se deleitaba saboreando las deliciosas formas de un croissant y un zumo de naranja, Patricia, Aprovechando la Wifi gratuita ofrecida por el local, recorría con su tablet las interminables sugerencias de Google para comprarse un buen móvil a un precio decente. Después de una larga tarde pateando tiendas en busca de una solución a los ya demasiados frecuentes reseteos de su terminal, y haber descubierto que ni su operadora, ni ninguna otra tienda le podía ofrecer un dispositivo actualizado, sin vender a cambio su alma por 24 meses y una cuantiosa suma de dinero, se decidió a probar suerte con algún terminal de los ofrecidos a todo color en las innumerables páginas del lejano oriente.

Menudo laberinto de configuraciones, procesadores, pantallas, memorias, colores, modelos y precios en dólares se estaba dibujando ante ella. Aburrida de tanto leer y mirar, tomo un largo sorbo del refrescante zumo, y después de cortarlo con cuchillo y tenedor, probó un trozo del crujiente croissant que resultó estar delicioso.

-“Esto me saca de quicio !!” se escuchó decir en voz alta.

Cerró todas las pestañas llenas de publicidad de su navegador dejando sólo la primera, el buscador, donde después de meditar unos instantes escribió…

“Teléfono buenísimo y económico”

… Y pulsó el botón de “Voy a tener suerte”.

Después de quedarse en blanco la pantalla durante unos segundos, únicamente un resultado fue devuelto por su buscador.

“El terminal de tu vida a un precio más que bueno”

Sorprendida por la única referencia devuelta por su navegador pulsó sobre el link totalmente escéptica por el resultado ofrecido.
Durante un lapso de tiempo que la hizo pensar en volver atrás, su tablet no hizo absolutamente nada y cuando estuvo a punto de hacerlo, el dispositivo vibró en sus manos un par de veces y emitiendo un largo y grave pitido que parecía el lamento de una alma en pena, abrió por fin una página en negro con el siguiente texto escrito en color lila.

“Buenos días,

Se ha decidido a realizar un cambio muy especial en su vida que le supondrá un antes y un después en la tecnología tal y como la conoce. Pero primero, si no le importa, hemos detectado que su idioma es el Español. Por favor, para poder continuar con su elección, confírmelo más abajo seleccionando la opción correcta.”

Patricia, sorprendida todavía por las vibraciones y el prolongado zumbido de su dispositivo, volvió a leer el texto, dejando de masticar, y observando con mirada desconfiada la pantalla. Levantó la cabeza, y recolocándose sobre la nariz las gafas de sol que había llevaba sobre el pelo a modo de diadema, miró discretamente su alrededor por si le estaban gastando alguna broma, pero no logró captar nada fuera de lo común. Por si acaso, pulsó el botón de suspender y dejó su tablet sobre la mesa mientras terminó su bocado, tomó algo más de zumo y su cabeza se sumergía en un torbellino de pensamientos extraños que ahora acudían prestos a su mente inquieta.

Patricia a su edad de 36 años era una mujer muy hermosa. Unos bonitos y enormes ojos oscuros llenos de vida unidos a una boca fina y deliciosa de deslumbrante sonrisa adornaban su rostro. Una larga y cuidada cabellera morena, así como una sutil elegancia y una marcada feminidad espolvoreadas en el alma con el gusto digno de un ser divino, hacían de ella una mujer que muchos hombres seguían con la mirada y posteriormente con el pensamiento. Inteligente, con grandes dosis de genialidad, curiosidad, inventiva y perspicacia mezcladas a partes iguales, Patricia era una mujer de maravillosa compañía y conversación, envidia secreta de muchos admiradores inconfesos, pero desafortunadamente torpes en los repetitivos intentos de conquistarla. Tanto su físico y aspecto de rasgos juveniles, hacían que en numerosas ocasiones, la gente la confundiera y tratara como a una adolescente ignorante de la vida y sus entresijos, circunstancia que como es normal y lógico, a Patricia desagradaba profundamente, llevándola a pensar muchas veces, en lo superficial que podían a ser las personas, incluyendo en este grupo, a la mayoría de hombres que llamaban a la puerta de la niña en lugar de mirar y respetar a la mujer maravillosamente desarrollada y evolucionada que ella era en realidad.

La tarde llegaba a su fin y Patricia, tras dar buena cuenta de su merienda, miró su reloj, metió la tablet en el bolso y después de pagar a la agradable camarera, se dirigió hacia la parada de autobús para regresar a casa.

(Continuará…)