Wireless V

Patricia estuvo leyendo un buen rato y después disfrutó de las bondades de su nuevo terminal, instalando, navegando y probando su cámara de fotos con todo tipo de objetos que se ponían a tiro de su pequeño objetivo. Estaba gratamente sorprendida por la calidad de sus resultados.

Distraída por una sensación muy familiar que provenía directamente de su estómago, Patricia miró su reloj para descubrir que era cerca de la 1 del mediodía y que todavía no había comido nada, tal y como su hambriento organismo le estaba amablemente recordando. Decidió que sería una buena ocasión para dar un paseo por la ciudad y comer en su lugar favorito, así que, abriendo la puerta de su armario ropero, Patricia empezó a buscar prendas de vestir hasta conseguir aquella armonía de colores textiles que siempre disfrutaba llevar. Cuando estaba poniéndose los pantalones que había seleccionado vio la ensaladera con la braguita sobre su escritorio. Se acercó escéptica para ver el resultado y comprobó que no quedaba absolutamente nada de la solución que hacía un rato cubría la tela. Acercó sus dedos para tocar aquella prenda de vestir que mantenía su color gris y, cuando su piel entró en contacto con la tela, sintió un agradable cosquilleo en sus cálidas yemas. Tanto fue así que Patricia no pudo resistir tomar aquellas braguitas en sus manos sintiendo con placer aquella sensación recorrer sus manos enteras y prolongarse hasta sus antebrazos erizando su piel allí donde llegase.

El tacto de la tela había cambiado radicalmente de áspero a maravillosamente suave, ligero, y … ese delicioso cosquilleo. Patricia se sorprendió a si misma pensando en lo que ocurriría si se las ponía, y se sonrojó mientras sentía sus mejillas cambiar a un color deliciosa y discretamente púrpura. Se quitó los pantalones que llevaba dejándolos doblados sobre el respaldo de la silla y después, deslizó las braguitas que llevaba hacia abajo, agachándose y sacando uno a uno sus pies para dejarlas sobre su mesilla de noche. Cuando pasó frente al espejo de su habitación, este le devolvió la imagen de una mujer hermosa vestida únicamente con un sujetador. Patricia se miró unos instantes, volteando sobre si misma y mirando sus esbeltas piernas, así como las delicadas curvas de la parte baja de su espalda, que día a día y a base de tablas de ejercicios trataba de mantener en armonía con el resto de su cuerpo. Deslizó la mano por su vientre sintiendo su propio calor en la palma de la mano y después por el suave y cuidado vello que más abajo decoraba su delicado monte de Venus.

Después, tomo las braguitas G-Wireless y despacio se las puso para sentir mientras su manos subían arrastrando hacia arriba aquella delicada prenda, como la caricia de la tela sobre su piel la llenaba de aquella maravillosa sensación. Cuando se las terminó de colocar, Patricia estaba temblando por lo que estaba sintiendo. Aquella prenda parecía estar ajustándose sola a su talla, ciñéndola maravillosamente, abrazando toda la piel que protegía a la vez y… Aquel suave cosquilleo que la recorría por las las nalgas.. por su intimidad.. hasta la mitad de sus muslos y subía hasta la mitad de su vientre…

Pero… Tras un par de pitidos de su móvil nuevo, la sensación se detuvo de repente por completo y Patricia, con la respiración agitada y todavía con la sorpresa en la boca, se quedó de pie, con las manos sobre la tela de sus braguitas nuevas, como si hubiese estado bañada en un mar cálido cuyas aguas se hubiesen retirado de repente dejándola desnuda y privada de la dulce sensación de calor de su maravilloso abrazo.

Cuando se giró hacia el espejo se vio a si misma, con las mejillas delicadamente enrojecidas y al igual que antes, semi desnuda, pero esta vez con el sujetador y… No podía ser… Las braguitas habían adoptado por completo el tono de su piel y de tal modo fue, que de no haber comprobado por si misma que cubrían perfectamente su feminidad de la mirada de curiosos, y de poder sentir la presencia la prenda con los dedos, Patricia hubiera jurado que no llevaba puesto absolutamente nada.

Tomó su móvil para ver los mensajes y cuando lo desbloqueó pudo leer en la pantalla:

“Complemento G-Wireless detectado, calibración de la dermis realizada satisfactoriamente. Dispositivo listo y preparado para su utilización”

(Continuará…)

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8 pensamientos en “Wireless V

  1. Me perdí, ¿En qué momento Patricia se quitó el sweater?
    Volviendo a lo importante, el efecto camaleón de las bragas me sorprendió. Nunca esperé que la ropita íntima tuviese esa característica, y me hace pensar en un sinfín de posibilidades al respecto. Espero Patricia se siga ruborizando, ojalá seguido, y – en lo posible – frente al espejo también. jajaja.
    Saludos.

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    • Pues no te puedo decir cuando se lo quitó pues paso una paloma delante de mi teleobjetivo y después ya lo tenia quitado.. Ays… Gajes del oficio. La bragas llevan una tecnología de… No.. mejor lo descubres en los próximos capitulos jaja…. Me encanta tu curiosidad. Un beso !!

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