Wireless IV

Todavía aturdida por lo que acaba de sucederle, Patricia esta sentada a la mesa de la cocina delante de un vaso de agua mientras a través de la ventana escrutaba las nubes, que como un rebaño de pequeñas ovejas traviesas, se dispersaban por la inmensa pradera azul del cielo, buscando cobijarse de los rayos del sol. Después de tomar un largo trago de su vaso, Patricia decidió abrir las cajas que tenía delante de ella.

Tomó la primera y más alargada entre sus manos y empujando un lateral hizo deslizar un cajoncito hacia un lado para revelar su contenido. Dejó la tapa de la caja sobre la mesa y quitó el protector de cartón serigrafiado negro que cubría los objetos de su interior. Un móvil de pantalla grande de 5 pulgadas coronaba los objetos allí encerrados y lo sacó tomándolo por los dedos. Era muy ligero y de aspecto fino y elegante, de carcasa blanca rematada un bisel aluminio mate, una cámara trasera con flash, y el delicado “G-Wireless” grabado en el dorso debajo de este último. Al tener el teléfono en sus manos, empezó a sentir la tranquilidad que la familiaridad y reconocimiento de los objetos de su interior le proporcionaba.

Allí no había nada raro, únicamente un teléfono bastante atractivo, y un cable con su cargador correspondiente. Patricia lo abrió con un suave click de la tapa para descubrir en su interior la batería, de la que retiró el precinto, así como las ranuras para la tarjeta SIM y una MicroSD que por cierto estaba ya instalada, y que tras una presión y un pequeño chasquido al extraerla, averiguó que era de 32 GB.

“Genial !!” – Pensó Patricia recolocándola en su lugar . “La de fotos y música que voy a poder meter ahí…”

Recolocó a tapa y pulsó el botón de encender del terminal que tras un breve zumbido y un par de vibraciones sordas iluminó la pantalla con un “G-Wireless” en 3D, con la “G” dando vueltas sobre si misma. Patricia sonrió mirando la animación, y después de unos instantes, se inició el asistente de configuración, al que rápidamente respondió dejando el teléfono listo para utilizarse en un par de minutos. Estaba familiarizada con el sistema operativo pues era el mismo que ella tenía en su moribundo terminal, y se encontraba como pez en el agua entrando en los ajustes, aplicaciones, disfrutando del enorme rendimiento del terminal. Pronto dejó de darle importancia a la situación, y tras una prueba satisfactoria de los resultados, los inconvenientes dejaron de ser tan relevantes, y las circunstancias se diluyeron en un apetecible y cálido mar, mucho más complaciente y mucho menos embravecido.

Después de pasearse por su twitter, su blog favorito, sacar algunas fotos, comprobar la pantalla, su resolución y cada detalle que ella considerara relevante en un móvil que se precio, quedó totalmente satisfecha y maravillada por las prestaciones de su nuevo y flamante terminal… ¡¡ Nada menos que G-Wireless !! ¡¡ Y que pantallón !! ¡¡ Que de colores !!

Dejó su nuevo teléfono a un lado y acerco la otra cajita de aspecto cuadrado y plano. Le dio un par de vueltas hasta colocar frente a ella el logotipo de G-Wirelless y entonces levantó despacio la tapa. allí, entre sus manos, envueltas en un papel de seda azul celeste, patricia sacó unas diminutas braguitas de color gris. Una etiqueta negra con el logotipo de G-Wireless atado a una cinta fina y dorada colgaba de la gomita de la prenda. Patricia lo cogió y leyó la inscripción en el dorso de la misma

“Dispositivo auxiliar de contacto. Importante: Antes de su primera utilización, colocar en remojo durante 1 hora en 500 ml agua con 10 gramos de sal y 10 ml de agua oxigenada”

Patricia cortó la cinta con unas pequeñas tijeras que sacó del cajón de los cubiertos, y la guardó junto con la etiqueta dentro de la cajita. Entre sus dedos palpó y sintió la tela de las braguitas y las sintió ásperas y desagradables y estuvo tentada de volverlas a dejar en la caja para deshacerse de este último elemento. Sin embargo, pensó que no perdía nada por seguir aquellas instrucciones. Se levantó de la silla y pasó por el cuarto de baño para tomar la botella de agua oxigenada y volvió a la cocina, donde en una ensaladera vertió medio litro de agua, 10 ml de agua oxigenada que midió con una jeringuilla de jarabe para la tos, y media cucharadita de sal o lo que ella pensó que serían 10 gramos de sal. Después, tomó las braguitas y las sumergió dentro de la solución asegurándose de que el tejido quedara empapado de forma uniforme, y mirando su reloj, salió de la cocina tomando su teléfono nuevo y la ensaladera para no dejar por allí su pequeño experimento.

(Continuara…)

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4 pensamientos en “Wireless IV

  1. Ahhh no, se pasó esta mujer. Comenzó temerosa e inquisitiva… Ahora está totalmente entregada. Es una vendida, que con un par de touch ha dejado atrás sus temores y desconfianzas. El poder de lo gratuito. Tengo miedo de Patricia, tengo miedo de esas bragas.
    Seguiré leyendo, esas bragas con agua oxigenada me parecen muy interesantes.
    Saludos.

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