Wireless III

Eran las 9 de la mañana cuando Patricia abrió los ojos por primera vez en su cama. Envuelta en la calidez de sus mantas lentamente fue saliendo del sueño mientras los rayos de sol más audaces, a través las brechas más despistadas de las persianas, se colaban en el interior de su habitación dibujando para ella, en la penumbra de la mañana, cada una de las formas de su composición y que, gradualmente Patricia fue reconociendo y ubicando en el espacio de la pequeña e intima fortaleza  de su cuarto de dormir.

Se levantó despacio buscando a tientas con los pies sus zapatillas y se dirigió hacia la ventana para abrirla ligeramente y dejar pasar un vendaval de luz que baño su rostro refrescándola con el aire puro de la mañana. El día anterior le pareció lejano y soñado. Había descansado maravillosamente bien pues recordaba haber cenado rápidamente, y presa del sopor que sucede a una buena cena, aunque pequeña, se acostó perdiendo a partir de entonces totalmente la noción del tiempo para dejarse llevar por la mano de Morfeo. Se puso la bata que tenía sobre la silla para ir al cuarto de baño y mientras bajaba las escaleras sonó la puerta de la calle.

A su mente regresó en tropel el recuerdo su tablet, los extraños mensajes, el pedido de un teléfono y un mensaje de servicio de paquetería. Aquello que apenas unos momentos atrás le parecía soñado e inverosímil, se agolpaba ahora en su cabeza provocando en ella el temor por lo extraño, el mismo temor del que fue presa en el autobús al pulsar el botón de continuar.

“¿Pero que estoy haciendo?” – Se obligó a pensar.

“¿De que tengo miedo?”

Patricia se serenó pensando que al fin y al cabo sus temores eran infundados y que ella no había pagado nada a nadie. Sin dudarlo rechazaría a cualquier vendedor o charlatán que pretendiese colarle un producto milagroso a cambio de un dinero que ella desde luego no iba a pagar. Haciendo frente a sus temores, pues todavía podía sentir su corazón dando botes, bajó las escaleras hasta la puerta de su casa para abrir, no sin antes asomarse a la mirilla para ver lo que la esperaba del otro lado de la puerta. Oteó lo mejor que pudo todos los ángulos que el estrecho pero efectivo visor le permitía ver de la calle pero no vio absolutamente a nadie.

“Alguien se habrá confundido” – Pensó

Y soltando una risotada nerviosa, se burló de si misma y de la estúpida situación en la que ella ya se había visto inmersa con un misterioso mensajero y su paquete mágico.

Después de salir del baño y recién duchada, subió a su habitación para terminar de vestirse. Dejó resbalar la bata por su piel hasta el suelo descubriendo por completo su hermosa desnudez. Sacó de la cómoda unas braguitas y un sujetador limpios que no tardó nada en ponerse, y mientras se abrochaba el vaquero, su móvil sonó con un nuevo sms. Tomó el móvil de la mesilla de noche para ver de quien era el mensaje y de nuevo, a pesar de haber dado el asunto por zanjado, su corazón dio un vuelco al leer…

“Paquete correspondiente a pedido FJUXk23T46 entregado en destino a las 9:16 AM. Gracias por confiar en G-Wireless”

Patricia se puso rápidamente un fino jersey antes de asomarse a la ventana y contemplar como al pie de su puerta habían depositado, y seguramente coincidiendo con la llamada al timbre anterior, un diminuto paquete que ahora, como un niño huérfano esperando en la puerta de una iglesia, esperaba ser recogido. Cerró de nuevo la ventana y bajó despacio los escalones que le separaban de la puerta de entrada. Alargando una mano dubitativa hacia la cerradura, descorrió el pestillo que cerraba la entrada de su casa. Miró unos instantes la puerta pensando si debía abrir y recoger ese paquete o dejar que alguien se lo lleve o que el mismo viento se lo lleve, y después de meditarlo, acabó concluyendo que sólo era una caja y que no pasaría nada por recogerla y ver de que se trataba.

Abrió la puerta lentamente y cuando tuvo el paquete a la vista alargó una mano y lo tocó desconfiada, con el corazón a punto de saltarle por la boca, pero al notar el tacto familiar del cartón, lo cogió y cerró la entrada no sin antes mirar a ambos lados de la calle y comprobar que no había ninguna persona esperando y susceptible de ser el recadero misterioso. Mientras se dirigía a la cocina, leyó la inscripción que constaba sobre la caja: “G-Wireless.”

Se sentó a la mesa y tomando un cuchillo cortó el precinto para poder abrir la caja. Por lo visto sólo era un embalaje exterior para proteger su contenido pues dentro del paquete y en vuelto en plástico de burbujas, había un par de cajas más pequeñas así como un sobre cerrado del mismo color que las cajas. Una de ellas era más alargadas y alta, y la otra más plana pero cuadrada, ambas con la serigrafía de G-Wireless en azúl clarito sobre un fondo negro. Tomó el sobre y lo abrió para leer su contenido:

“Estimada Srta. Patricia,

Gracias por confiar en nuestra linea de productos G-Wireless. Este conjunto de productos está totalmente probado y testeado por expertos en la más avanzada tecnología. Este lote se compone de un teléfono de última generación, con unas especificaciones que descubrirá ser más que suficientes para su día a dia, tal y como nos ha solicitado, y de una prenda íntima elaborada con un textil de última generación que estamos seguro se ajustará perfectamente a su talla.

Este primer lote de productos está totalmente libre de cargos y es un regalo de G-Wireless como muestra de nuestra seguridad en su plena satisfacción y en la confianza de que volverá a adquirir en breve nuestros productos.

Atentamente, y esperando que disfrute plenamente de su nueva adquisición, reciba un caluroso abrazo.

El equipo de Marketing de G-Wireless”

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5 pensamientos en “Wireless III

  1. Qué mejor momento para usar “la prenda íntima” que haber salido de la ducha hace pocos momentos, ¿Eh?
    “reciba un caluroso abrazo” No me cabe dudo que será muy caluroso… jajaja.

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  2. Un buen momento desde luego, pero Patricia todavía no estaba preparada. Ella es una mujer que tiene que decidir lo que quiere, si la empujo a usarlo igual me tira el paquete a la cabeza 🙂 jejeje.. Muchas gracias por estos comentarios.. Me animan muchisimo 🙂

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  3. Pingback: Wireless III … Asomada a su ventana | El Gunto

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