Tardes de otoño

“Estoy muerta…” Piensas mientras te reclinas sobre la butaca y dejas la revista de prensa sobre al mesa. Es tarde ya y no queda nadie esperando en la consulta y muy posiblemente seas la última esperando su turno.

Una ligera luz tenue ilumina la sala de espera, decorada con un estilo clásico pero relajado a la vez. Inspiras aire despacio y te llenas del suave y agradable aroma que desprende el centro de la pequeña mesa que tienes a tu lado. Está compuesto por una colección de ramilletes, flores y hojas secas que se mezclan como una ensalada de colores amarillos, ocres y marrones que parecen moverse acunados por la tranquilidad de la estancia.

Miras tu reloj y no das crédito…

“Las 9 y media ya, madre mía voy a llegar tardísimo…”

No oyes ni un solo ruido de la calle, las ventanas están bien insonorizadas, y desde luego si lo que buscaban era un ambiente tranquilo donde pudiesen esperar los clientes,  habían logrado su propósito con una notoriedad sorprendente.

Cierras los ojos y decides esperar tranquilamente vaciando la cabeza de ideas, preocupaciones, trabajos pendientes, reformas…

De nuevo inspiras aire y tratas de centrarte en el silencio sorprendente… En los aromas del centro de mesa que tratas de catalogar… Es dulce, pero no empalagoso… Es muy ligero y agradable… pero no logras catalogarlo y solo te recreas en el. Expiras aire y dejas ir tus brazos a tu lado para relajarte sobre la butaca de suave piel cálida que tus dedos lentamente acarician, recreándote en su tacto.. su temperatura..

“¿Quiere acompañarme, por favor?” .. te interrumpe una voz de mujer.

Abres los ojos y reconoces a la recepcionista que por fin te avisa para entrar.

“Por supuesto, gracias” .. le contestas con una voz amable. Te levantas, cogiendo tu abrigo y bolso y te diriges hacia ella.

“¿Me permite?” .. te pregunta la recepcionista señalando tu bolso y tu abrigo..

“Ahí no lo va a necesitar” continua sonriéndote amablemente.

Le tiendes el brazo con tus objetos personales y ella amablemente los coge y te acompaña a una habitación. Abre la puerta y te invita a pasar. Te señala una camilla en el centro con una mano

“A su derecha tiene el vestuario, por favor, pase y desvístase completamente, luego túmbese en la camilla, le atenderán en un momentito” .. te dice ofreciéndote unas toallas limpias y perfumadas.

Dicho esto la joven sale cerrando la puerta tras de sí. Durante unos instantes miras la sala, en la que suena una música muy tenue y agradable en la que se mezcla un ruido de producido por una pequeña fuente decorativa rodeada de plantas hermosas.

“Mmm.. Ah si, el vestuario”

Abres la puerta que te ha indicado la recepcionista y entras en un vestuario en el que tienes una banqueta para sentarte y unas perchas para dejar tus toallas. A tu izquierda, tienes una mampara de cristal que te separa de la ducha.

“Curioso, agradable y limpio..” piensas mientras te recreas en el dibujo de las cenefas del cuarto de baño.

Despacio te vas desvistiendo, mientras tratas de calmar el pequeño nerviosismo de las palabras de la secretaria..

“Desvístase completamente..”

Esas fueron las palabras que dijo.. Si exactamente esas piensas mientras tu cuerpo inconsciente sigue quitándose toda la ropa despacio. Sólo te quedan unas diminutas braguitas de color lila cubriendo el último bastión vestido de tu cuerpo desnudo.

Te las quitas léntamente y levantas las rodillas una a una para retirar completamente la prenda de vestir, para quedar totalmente desnuda. Coges una toalla de las que te han ofrecido pero te llevas una sorpresa pues es muy pequeña.. Apenas te cubre las nalgas y no da para envolver tu cintura, y la de baño es enorme y no vas a salir con eso.

“Se me ve todo…”

Piensas, mientras te pones más nerviosa y sientes el calor del sonrojo de tus mejillas.

“¿Esta lista?”

Reclama una voz del otro lado de la puerta sobresaltándote.

“Si.. un segundo”

Contestas tímidamente tragando saliva y disimulando la sorpresa.

Abres la puerta y sales a la otra habitación donde te espera el masajista. Esta de espaldas pues se está lavando las manos y preparando para la sesión. Rápidamente aprovechas  su descuido para tumbarte boca abajo sobre la camilla y ocultar las vergüenzas que la toalla no logra cubrir, para acabar colocando como puedes la toallita sobre tus nalgas.

La camilla es muy cómoda, pues la parte delantera permite dejar tus brazos en posición de relax apoyándolos en unos soportes ergonómicos sin que estos cuelguen, y tiene un hueco donde apoyas la cara y no te “aplastas” la nariz mientras te masajean las cervicales como en otros sitios. El masajista alarga una mano sobre un regulador que tiene frente a él y baja la luz, inundando la habitación en una penumbra muy apacible, solo perturbada por la luz de un acuario enorme, que ubicado frente a las plantas exhibe el baile exótico de sus peces que nadan el silencio de su pequeño mundo.

“Por lo que me ha comentado la señorita Ester, esta es su primera visita Señorita. Es un placer atenderla”

Te contesta él.

Es cierto, es la primera vez que acudes. Te dio su teléfono una amiga y te lo recomendó para las migrañas..

“Es milagroso..”

Te dijo ella sonriendo y facilitándote su tarjeta.

“En su ficha ha puesto que padece algunas migrañas y dolores de cuello, estrés por el trabajo, y que anda mucho”

Continúa él tranquilamente…

“¿Trabaja mucho, Señorita?”

Te pregunta.

“Si…”

Le contestas,

“Es un trabajo agotador”

Añades para completar tu corta respuesta anterior.

“Debe procurar dormir, es la mejor medicina para sus migrañas y necesita descanso que le pide su trabajo”

Te dice volviéndose por fin hacia ti.

Debido a la posición boca abajo en la camilla, no puedes mirar más allá de su cintura. Tratas de imaginar en vano una cara que encaje con su tono de voz, pero no la encuentras. Lleva unos pantalones blancos, y unos zuecos. Es lo único que por ahora consigues ver de él.

“Parece nerviosa Señorita. ¿Es su primer masaje?”

Te dice

“Procure relajarse. Es muy normal que estés nerviosa”

Y diciendo esto, te retira la toalla que llevas y dejando al desnudo tus nalgas. Inconscientemente juntas las piernas para ocultar tu feminidad.

“Tranquila mujer, vivo de esto y pronto le haré olvidar que está desnuda”

Te dice sonriendo.

“Ahora, quiero que cierre los ojos y respire profundamente… así eso es relájese”

No sin esfuerzos, logras respirar sin entrecortar la respiración, pues te sientes tremendamente desnuda frente a un desconocido. Y cuando menos lo esperas sientes sus manos sobre tus hombros. Estas deslizan sus dedos juguetones  sobre tu piel  y sobre tu cuello, jugando con una habilidad sobrenatural con la forma de tus vértebras cervicales. Sus dedos están empapados por algún tipo de aceite que notas caliente sobre tu piel…. Debe llevar algún tipo de mentol pues sientes como se calienta cada vez la zona que esta trabajando.

“Está muy tensa ahí, seguramente por pasar mucho tiempo de pie” te dice suavemente.

Aunque sientes sus dedos sobre tu piel notas su presión más allá de la piel produciéndote una agradable sensación de distensión de tus cervicales. Es como si separase la cabeza de tus hombros para atrapar cada uno de tus músculos y huesos de cuello y se llevara el dolor, la tensión… Los problemas. Lentamente relajas tus músculos todavía ligeramente crispados por la situación y entras poco a poco en estado de relajación. Él lo nota y prosigue sus cuidados llevando las palmas de las manos sobre tus hombros y bajándolas de forma paralela hacia el final de tu espalda hasta llegar a tus nalgas, donde las hace pivotar suavemente para volver a subir.

Cuánto calor sientes… Ejerce una presión tremenda y sientes como se lleva el aire de tus pulmones impulsándote a exhalar cada gota de aire de tu cuerpo cuando vuelve a subir. Cada vez que recorre tu espalda, sientes como se eleva la temperatura de tu cuerpo… como lo vacía de tensiones.. como se lleva el dolor.. la ira… los problemas.

No te atreves a abrir los ojos.. Estás demasiado bien. Sus manos han comenzado a formar parte de tu alma y has dejado de pensar en él como persona. Instintivamente lo has convertido en un cúmulo de sensaciones nuevas y placenteras que recorren tu cuerpo de arriba a abajo.

Sus manos llegan ahora a tus nalgas, donde con movimientos circulares de las palmas lleva toda la sangre hacia tu espalda y corazón. Presiona ligeramente y tus nalgas se separan descubriendo una parte íntima de ti, pero ya no prestas atención.. Te da igual.. Te sientes demasiado bien. Y cuánto calor sientes.. Tu cuerpo está ardiendo.

Solo logras respirar profundamente recreándote en el placer de tu tacto, del aceite y del aroma de su colonia que te es muy familiar. Sus manos bajan por tus piernas por la parte externa hasta los pies para voltear y volver por la cara interna hasta llegar a… Santo Dios! No se ha detenido.. sus dedos han pasado rozando tu vulva para subir por tus nalgas y volver a bajar de nuevo por la parte exterior de las piernas. Te has tenido que morder los labios para ahogar un gemido, mezcla de sorpresa, temor y… placer. Si… Placer, ese último término no estaba invitado a esta reunión y sin embargo, ha aflorado…

Te das cuenta entonces del estado en que te ha puesto y sientes la excitación de algo nuevo en tu cuerpo.. lo notas en el latido de tus sienes.. En tu respiración que ha comenzado a agitarse ligeramente.. Sientes como te estira ligeramente la piel de los pezones mientras se endurecen con el tacto de sus dedos en tus piernas… Estas ardiendo de calor y sientes que este sale por cada uno de los poros de tu suave piel.

“Tranquila.. Déjate llevar…”

Te susurra muy dulcemente

Ahora te tutea mientras sus manos suben de nuevo por tus muslos y… Lo ha vuelto a hacer.. Sus dedos han rozado de nuevo los labios de tu sexo. Tu respiración se ha cortado para volver a reanudarse más agitada. La presión de sus manos sobre tu piel trabaja inexorablemente hacia tu bienestar.

Una y otra vez, sus manos suben y bajan por tus piernas llevando en cada subida tu cuerpo a un escalofrío de placer. Sientes tu sexo humedecerse ligeramente por el placer de sus caricias casi imperceptibles y de repente ocurre sin que te des cuenta ni lo puedas controlar… Cuando esta vez sus manos suben y llegan a tu sexo.. Involuntariamente arqueas las nalgas para aumentar el contacto de sus dedos con los labios de tu sexo, ahogando un susurro en tu garganta de puro placer. El prosigue como si no hubiese ocurrido, pero esta vez, al subir, sus manos se detienen en las rodillas. Te toma por las caderas y…

“Vamos a darnos la vuelta.. Deja que te ayude”

Te dice suavemente mientras giras sobre ti misma. Ya has olvidado tu desnudez y esta vez son tus pechos los que se ven, es tu monte de Venus cubierto por una discreto y cuidado vello púbico el que le muestras. Lo sabes pero en lugar de ruborizarte, te excitas más todavía. Mantienes los ojos cerrados y no quieres abrirlos  pues tu ceguera inducida ha aumentado la percepción de tu cuerpo cálido y desnudo y las sensaciones que descubres son deliciosas  y voluptuosas.

Sientes sus manos lubricadas sobre tu cuello, tus hombros, donde sus dedos se recrean dulcemente en los huesos de tus clavículas, para bajar por tu escote y finalizar masajeando con los huecos de sus palmas tus pechos encendidos y cálidos.

Sientes el calor de sus manos por todo tu ser, la presión, el calor, estas cada vez más encendida y te arde la piel. Sus manos bajan por tus caderas, para subir por tu abdomen y volver a bajar hacia tu zona pélvica donde termina presionando en círculos muy suavemente sobre tu pubis. Dios… Esto te enciende.. Es tan indescriptible y coordinado.. Cada uno de sus movimientos parece planeado para sacar de ti el máximo placer… Es increíble, no te importa estar totalmente desnuda, no te importa mostrarle tus pezones totalmente erguidos y duros.. Está sacando de ti cada mota de placer escondido en tu piel.. Ardes entera por el don de sus manos que ahora bajan por tus muslos que casi tiemblan ávidos de su placentero tacto.

De nuevo te llega su agradable colonia y colmas tus sentidos con su presencia. Cuando sube presionando tus piernas con la palma de sus manos, coloca los pulgares por la cara interna de tus muslos hasta llegar de nuevo a tu sexo húmedo, en el que impactan dulcemente subiendo por los laterales de tu pubis para cerrarse sobre tu ombligo y volver a bajar por tus caderas hacia tus pies.

De nuevo vuelve la deliciosa tortura de sus vaivenes lentos y continuos, que a cada subida acarrean con el calor de sus manos una auténtica hondonada de placer. Tu respiración es cada vez más agitada, sientes como tu corazón late dentro de tu pecho y de forma involuntaria has separado ligeramente tus piernas para dejar más espacio para sus manos al subir por tus muslos.. Por tu sexo que sientes cálido y húmedo como nunca lo había estado.

Ahora coloca su mano debajo de tu rodilla y despacio la levanta para flexionar tu pierna derecha sobre la camilla, dejando tu sexo totalmente al descubierto. Ni siquiera te ruborizas por sentir tus labios hinchados… Por saber que los ofreces sin el menor pudor por la excitación que te va a estallar en la cabeza y de puro deleite mientras tu cuerpo se abandona al calor y a las sensaciones.

Y otra vez llega a ti su colonia tan sutil y agradable. Sus manos bajan desde la rodilla en círculos sobre tu muslo hasta la base de tus nalgas, donde finalizan rodeando la pierna y pasando varias veces por la zona que delimita tu ingle con la pierna y acariciando a cada pasada tu sexo cálido. Un fino hilillo de lubricante ha llegado a tus labios por los que sientes ya el resultado del calor abrasador que produce el mentol del aceite sobre toda tu vulva que no tarda en encenderse todavía más.

Tu boca y labios tiemblan tratando de contener y encerrar en tu boca los gemidos y el placer que te salen del alma. Cuando él vuelve a bajar tu pierna y se dirige a la otra para repetir la dulce e interminable tortura de tus sentidos, estas apunto de estallar. De nuevo te lleva al borde de la locura, y cuando esta vez parece que has perdido la partida contra tus gemidos y alcanzas el más dulce estado de embriaguez femenina, se detiene bajando la pierna de nuevo sobre la camilla.

Te sientes a punto de estallar, llena de una vitalidad y un placer que te cuesta retener en tu interior y te recreas jugando al borde de la caída en el orgasmo. Te mantienes allí para hacer interminable ese momento tan placentero y agradable que nunca te había durado tanto.

Te cubre con una toalla grande todo el cuerpo hasta el cuello para mantenerte en estado cálido.

“Ahora 15 minutitos de sauna para relajarse más y limpiar la piel”

Te dice, mientras  introduce la camilla en una sala pequeñita, para retirarte despacio la toalla antes de salir y cerrar la puerta.

No abres los ojos y mantienes tus sensaciones al límite pues todavía estás al borde del éxtasis. Pronto sientes como la sala se llena de un vapor cálido que te arropa entera e incrementa todavía más el calor de tu cuerpo encendido de placer. Sientes como gotitas de sudor comienzan a aflorar y a correr por toda tu piel. Te sientes más húmeda y excitada que nunca y necesitas liberar tu placer.

Sin abrir los ojos levantas despacio una mano llevando los dedos a tu boca para humedecerlos y bajar lentamente hacia tu sexo cálido. Bajas acariciando tu vello púbico y presionando tu zona pélvica para seguir luego por los labios de tu sexo. Los sientes gruesos, terriblemente húmedos e hinchados por la excitación de tu cuerpo entero, los separas ligeramente descubriendo tu clítoris que acaricias muy suavemente. La reacción no se hace esperar pues un terremoto de placer sacude tu cuerpo, arrollándote hacia el abismo de la locura.

El calor, tu cuerpo, las sensaciones vuelven a dispararse, esta vez no puedes contener tu placer y exhalas un ahogado gemido de lujuria. Tu otra mano sube hacia un pecho, pasas los dedos por debajo y subes despacio hacia su parte superior para volver lentamente hacia el pezón que aprisionas y pellizcas tiernamente sintiendo la tirantez de tu piel. De nuevo humedeces tus dedos recreandote en el sabor de tu excitación, para volverlos a bajar hacia tu sexo que recorres acariciando sus labios casi hasta tocar el ano para volver a subir por ellos muy lentamente aumentando la presión. Sientes como se abren y tu dedo penetra ligeramente en tu interior… Subes de nuevo hacia tu clítoris aumentando el roce de tu dedo y vuelves a gemir sacudida por el placer que recorre tu interior. Sigues con los ojos cerrados y no los abres, no quieres ver, solo descubrir todo lo que tus nuevos sentidos te pueden ofrecer…

Sientes de nuevo la colonia del masajista que tanto te gusta, omnipresente y dulce, y se despiertan de nuevo tus sentidos como un acto reflejo, hasta que… Sientes una tercera mano acariciar tus muslos subiendo lentamente hacia ti… Contienes la respiración y de nuevo el perfume llega a tus sentidos… Es él y no dices nada, te paraliza la sorpresa, el placer y la excitación… Deseas de nuevo sentir su tacto sobre tu cuerpo y sobre tu piel. Una nueva sensación embarga tu cuerpo y esta vez no son sus manos, pues aunque no abres los ojos sabes reconocer unos labios sobre tus pechos. Te besa lentamente subiendo lentamente y rodea tu aureola con la boca jugando despacio con su lengua y tu pezón.

Tu respiración se acelera y sube el ritmo de tu corazón sus manos te acarician lenta y suavemente por todo el cuerpo con una habilidad digna de sus masajes. Sientes erizarse toda tu piel con sus besos sus caricias, a pesar del calor, el vapor y el delicioso aroma de su cuerpo.. Estas vibrando de placer con cada uno de sus besos. Su mano sube hacia tu vagina en la que despacio introduce el índice con la facilidad que le proporciona tu excitante humedad, mientras con su pulgar acaricia tu clítoris desde su lateral muy suavemente..

Sigue teniendo sus manos lubricadas y el mentol del aceite no tarda en hacerte efecto y tu clítoris se enciende literalmente con sus cuidados.

Te voltea despacio hacia él y te coloca a un borde de la camilla para colocar tus piernas sobre su pecho. Está desnudo y sientes perfectamente su cuerpo cálido sobre tus piernas. Esta caliente… Muy caliente… Tanto como tu y estiras una mano para acariciar su piel. El baja despacio besando besando tus muslos despacio… Combina besos, lametones, pequeños mordiscos dulces y más besos… Caricias fugaces de sus dedos hábiles… Finalmente, su boca llega a tu vello púbico, que besa suavemente… Baja lentamente hacia tu sexo que toma entero en su boca caliente y húmeda. Notas su lengua presionando tu entrada y abrirse paso despacio en tu interior mientras sus labios juegan alrededor de tu sexo con suaves caricias. Te está matando de placer es muy tierno y no tiene prisa por hacerte gozar. Cada lametón recorre todo tu cuerpo desde los pies hasta la cabeza con una ola de placer sublime y no contienes ya ni tus gemidos, ni tus manos acariciando su pelo, ni tu respiración que cada vez es más desenfrenada… Estás cerca… muy cerca de tu éxtasis final.  Sus caricias aumentan de ritmo lentamente y ya sientes que involuntariamente, tu sexo se contrae buscando llevarte al borde de la locura. Con su pulgar busca tu clítoris y lo presiona suave, moviéndolo en pequeños círculos y recorriendo la piel que lo cubre.. despacio.. Tus gemidos se disparan y no resistes más el placer y tus manos se cierran sobre sus brazos clavándole las uñas mientras tu cuerpo entero se contrae una y otra vez con las espasmos que te produce el orgasmo.. Apenas lograr respirar, la cabeza te estalla.. el calor.. su piel.. el aroma..

“Señorita”

Te dice..

Te sigues contrayendo por el placer una y otra vez.. no termina.. es increíble tus muslos se cierran sobre su cabeza..

“Señorita…”

Te dice de nuevo, esta vez más fuerte..

La sensación es maravillosa tan maravillosa que…

“Señorita !!” te dice de nuevo logrando que abras los ojos…

… Sentada en la sala de espera, reconoces los muebles, reconoces la butaca, y reconoces la recepcionista.

“¿Señorita, se encuentra bien? Se ha quedado dormida”

Te dice sonriendo amablemente.

Miras a tu lado el centro de mesa y reconoces el aroma que tanto te gusta que desprenden las hojas secas perfumadas.

“Discúlpeme..”

Balbuceas todavía aturdida por el sueño.

“Me quedé dormida”

“¿Me acompaña, por favor? Le toca ya a usted”

Te dice amablemente.

“Por supuesto, gracias”

Le contestas con una voz amable. Te levantas, cogiendo tu abrigo y bolso y te diriges hacia ella.

“¿Me permite?”

Te pregunta la recepcionista señalando tu bolso y tu abrigo.

“Ahí no lo va a necesitar”

Continua sonriéndote amablemente.

Le tiendes el brazo con tus objetos personales y ella amablemente los coge y te acompaña a una habitación. Abre la puerta y te invita a pasar. Te señala una camilla en el centro con una mano

“A su derecha tiene el vestuario, por favor, pase y desvístase completamente, luego túmbese en la camilla, le atenderá en un momentito”

Te dice ofreciéndote unas toallas limpias y perfumadas. Tomas las toallas en tus manos y las separas para descubrir que una de ellas… apenas te cubre las nalgas…

Fin..?

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